La hoja, forjada en 1356 por el maestro Motomitsu de la prestigiosa Escuela Bizen Osafune, llega acompañada de certificados históricos de autenticidad y fue tasada en cien monedas de oro
El Museo de Zaragoza tiene desde este lunes una de las piezas más singulares del arte japonés que puede verse en España. El Gobierno de Aragón ha adquirido una katana del siglo XIV que pasa a engrosar la Sección de Arte Asiático del museo y que, según sus responsables, es la más antigua, mejor conservada y de mayor calidad de cuantas integran colecciones públicas españolas. La presentación coincidió con el Día Internacional de los Museos.
La espada se suma a la armadura samurái adquirida en 2024, con lo que el museo aragonés se consolida como una de las instituciones públicas de España con mejor representación del universo samurái. «Teníamos una carencia importante: habíamos adquirido una armadura, pero nos faltaban armas significativas que la completasen», explicó el director general de Cultura y Patrimonio Cultural del Ejecutivo aragonés, Pedro Olloqui, quien calificó la pieza de «excepcional y de las más singulares que existen en Europa».
Una hoja firmada en 1356
La katana fue forjada en 1356 por el maestro Motomitsu, activo entre 1343 y 1376 y perteneciente a la prestigiosa Escuela Bizen Osafune, referencia histórica en el arte de la espada japonesa. La hoja conserva en su espiga dos firmas: la del propio forjador y la del tasador Hon’ami Kōson (1879-1955), cuya intervención permite trazar con precisión el origen y la legitimidad de la pieza.
Ese tasador emitió un certificado que acompaña la katana y en el que la valoró en cien monedas de oro. «Con cien monedas de oro se podía alimentar a cien personas durante todo un año, lo cual nos indica que es una pieza de bastante prestigio», señaló la conservadora especialista en arte asiático del museo, Ana Labaila. En 1968, la Sociedad para la Preservación del Arte de la Espada Japonesa la calificó en un segundo documento como «especialmente preciada».
Siglos de historia en cada detalle
La pieza es en realidad un objeto estratificado en el tiempo. La hoja es del siglo XIV, pero los elementos de la empuñadura —el guardamanos o tsuba y las piezas ornamentales metálicas o menuki— datan del siglo XVIII, mientras que la vaina y el resto de la montura son del XIX. La saya está realizada en laca urushi negra decorada con polvo de nácar, creando un efecto tornasolado que evoca un cielo estrellado, y luce el blasón del clan Takigawa en polvo de oro. El mango está forrado en piel de raya y recubierto por cordón de seda dorada.
«Es una obra diseñada para el arte de la guerra, pero los japoneses le otorgan a este tipo de piezas una calidad estética muy destacada, y esta obra lo tiene», subrayó Labaila.
