Una fisura en la vía del AVE en Tarragona provoca un lunes de retrasos en el corredor del AVE Madrid-Barcelona afectando a Aragón

La limitación a 80 km/h en un tramo de la alta velocidad tensa de nuevo el principal corredor ferroviario del país y enciende las críticas de los usuarios en plena crisis ferroviaria.

La jornada de este lunes ha arrancado con un nuevo sobresalto para los miles de pasajeros que utilizan a diario la línea de alta velocidad entre Madrid y Barcelona, que pasa por Aragón, y con la estación del AVE de Delicias como nudo central.

Una fisura en un raíl en el entorno de l’Espluga de Francolí, en la provincia de Tarragona, ha obligado al gestor de infraestructuras Adif a imponer una severa limitación de velocidad a 80 kilómetros por hora en el tramo afectado, muy por debajo de los estándares habituales del corredor, donde los trenes pueden superar los 300 km/h. La incidencia, detectada en la noche del domingo por el maquinista de uno de los convoyes que atravesaba la zona, se ha traducido desde primera hora de la mañana en retrasos generalizados que superan con frecuencia la hora de demora tanto en los servicios de Renfe como en los de los operadores privados Iryo y Ouigo.

Según han confirmado fuentes del Ministerio de Transportes, la reducción de velocidad responde a un criterio “estrictamente preventivo” y, aunque altera de forma notable los tiempos de viaje, “no pone en peligro la circulación de los trenes”, un mensaje con el que el departamento intenta contener la inquietud de los viajeros en un contexto marcado por la reciente crisis ferroviaria y por el accidente de Adamuz, en Córdoba, cuya principal hipótesis de investigación apunta también a una rotura de vía. Desde Adif se subraya que, tras el aviso del maquinista, se activaron “de forma inmediata” los equipos de mantenimiento para revisar el carril, asegurar la zona y ejecutar un “embridamiento de la vía”, una solución que permite mantener la circulación pero obliga a mantener la restricción de velocidad durante las labores de reparación.

La escena en estaciones como Delicias, Barcelona Sants o Madrid Puerta de Atocha ha sido la de un lunes de alta velocidad ralentizada: paneles repletos de anuncios de demoras, andenes abarrotados y pasajeros consultando sus móviles en busca de explicaciones oficiales mientras las redes sociales se llenaban de mensajes de indignación.

“Otro día más de retrasos en el AVE Madrid-Barcelona, más de una hora tarde sin información clara”, denunciaban usuarios en X (antes Twitter), en mensajes dirigidos a Renfe, a Adif y al Ministerio, que se han visto obligados a ir actualizando la información sobre la marcha. Algunas asociaciones de usuarios han reclamado compensaciones automáticas y una revisión urgente de los protocolos de mantenimiento en la alta velocidad, al considerar que se trata ya de una “cadena de incidencias” y no de un episodio aislado.

En sus comunicaciones públicas, Adif ha insistido en que la prioridad es garantizar la seguridad de la infraestructura y ha recordado que se trata de una fisura localizada en un punto kilométrico concreto de la línea entre Alcover y l’Espluga de Francolí, en el denominado Camp de Tarragona, un tramo clave del eje Madrid-Barcelona. La consecuencia directa de esa restricción es un efecto embudo: los trenes se ven obligados a moderar notablemente la velocidad en ese segmento y se pierde capacidad para realizar cruces y adelantos, lo que encadena demoras en ambas direcciones y obliga a reajustar horarios a lo largo de toda la jornada.

Este nuevo contratiempo llega, además, en un momento especialmente sensible para el sistema ferroviario español. Cataluña arrastra desde hace semanas un fuerte malestar por el colapso de Rodalies, con incidencias recurrentes que han deteriorado la confianza en el transporte público, y el corredor de alta velocidad con Madrid se consideraba uno de los pocos bastiones de fiabilidad.

Fuentes del Ministerio de Transportes admiten que la normalidad no se recuperará de manera inmediata y evitan concretar una fecha para el restablecimiento pleno de las velocidades comerciales en la zona afectada, más allá de asegurar que los trabajos “se prolongarán el tiempo que sea necesario para garantizar la integridad del carril”.

Hasta entonces, los viajeros del principal corredor ferroviario del país deberán seguir viajando a velocidad reducida en un tramo clave de la línea, asumiendo retrasos que, en muchos casos, desbaratan reuniones, conexiones y jornadas laborales, y que reabren el debate sobre el estado real de una infraestructura que durante años se ha presentado como símbolo de modernidad y de éxito del modelo ferroviario español.