Vecinos, asociaciones y expertos de la Universidad de Zaragoza cierran el proceso participativo que marcará los usos de los bajos del nuevo bloque de 32 viviendas, que se levantará entre la avenida de América y la plaza de la Memoria Histórica
El Ayuntamiento de Zaragoza ha culminado el proceso participativo puesto en marcha para definir los usos sociales y vecinales de los espacios comunes del futuro edificio municipal de 32 viviendas de alquiler asequible que se construirá en el barrio de Torrero. La sesión de clausura, celebrada ayer en la Junta Municipal del distrito y abierta a todo el vecindario, contó con la colaboración de expertos de la Universidad de Zaragoza y sirvió para fijar las prioridades que trasladará la sociedad municipal Zaragoza Vivienda a los redactores del proyecto.
Al encuentro asistieron el concejal delegado de Vivienda, José Miguel Rodrigo, la concejal delegada de Distritos, Pilar Cortés, técnicos de Zaragoza Vivienda, vocales de la Junta Municipal de Torrero y representantes de asociaciones como Montes de Torrero, Venecia, La Paz, El Trébol y la Fundación Adunare, además de vecinos a título particular. Rodrigo ha insistido en que para el consistorio era fundamental escuchar al barrio, y ha explicado que el trabajo conjunto con la Universidad y el tejido asociativo marca un camino ilusionante para los locales de la planta calle, con el objetivo de que el edificio y sus futuros residentes mantengan una relación porosa con su entorno.
Cinco pilares para los espacios comunitarios
Todas las aportaciones recogidas durante el proceso se trasladarán ahora a los equipos encargados de diseñar y ejecutar las obras, con el fin de convertir la planta baja en salas polivalentes e intergeneracionales que funcionen como corazón operativo del barrio. De la consulta han emergido cinco pilares que deberán regir esa intervención comunitaria: la polivalencia de los espacios, pensados para usos simultáneos y adaptables; la intergeneracionalidad, que busca convertir el edificio en un punto de encuentro entre jóvenes, familias y mayores; la función asociativa, como apoyo físico para las entidades vecinales; y la participación activa del vecindario, que aspira a ir más allá del simple consumo de actividades.
En cuanto a los usos concretos del futuro equipamiento, el mayor consenso vecinal se ha centrado en la recuperación del ocio educativo no académico para prevenir la exclusión juvenil, así como en el fomento del bienestar físico y mental de mujeres y personas mayores. También se ha priorizado habilitar un espacio climatizado y accesible durante los meses de verano para paliar la pobreza energética, crear redes de apoyo para las familias monoparentales del barrio, impulsar la formación práctica frente al desempleo y reforzar la convivencia comunitaria a través del encuentro intercultural. Todo ello se apoyará en una programación de horarios híbrida y en la implicación directa de los futuros inquilinos como partícipes activos de estos espacios.
Un edificio de 32 viviendas entre la avenida de América y la plaza de la Memoria Histórica
El proceso participativo se enmarca en un proyecto ya adjudicado por Zaragoza Vivienda, que construirá el nuevo bloque sobre una parcela municipal de algo más de 1.000 metros cuadrados situada entre la avenida de América y la plaza de la Memoria Histórica. Las obras cuentan con un presupuesto de 5,5 millones de euros y contemplan una planta baja destinada a los equipamientos vecinales definidos en el proceso participativo, sobre la que se elevarán tres plantas de viviendas.
Los 32 pisos, con superficies de entre 45 y 65 metros cuadrados y con una o dos habitaciones, están orientados especialmente a facilitar la emancipación de los jóvenes y a dar respuesta habitacional a familias monoparentales, bajo un régimen de rentas limitadas y proporcionales a los ingresos. El proyecto destaca además por su apuesta por la construcción industrializada, que representará más del 30% del presupuesto de ejecución material y permitirá acortar los plazos de edificación mediante un sistema de ensamblaje por módulos. El edificio aspira a lograr la calificación energética de categoría A, gracias a un alto nivel de aislamiento térmico y acústico y a la instalación de paneles fotovoltaicos en la cubierta que garantizarán su propio abastecimiento energético.
El concejal de Vivienda ha resumido que el consenso alcanzado para destinar estos espacios a recuperar el ocio juvenil, combatir la soledad no deseada entre las personas mayores y ofrecer refugios climáticos en verano refleja la madurez de la participación ciudadana en Zaragoza, y ha subrayado que el papel del Ayuntamiento es garantizar la financiación y la sostenibilidad de un modelo abierto al conjunto del barrio.
