Las condiciones meteorológicas y la inestabilidad del manto nivoso han provocado más avalanchas de lo habitual esta temporada. La Guardia Civil llama a la responsabilidad tras varios accidentes mortales
La presente temporada invernal está dejando un escenario especialmente delicado en el Pirineo aragonés. Los distintos episodios meteorológicos registrados en las últimas semanas, junto a las transformaciones internas de la nieve acumulada, han generado capas débiles persistentes en el manto nivoso que incrementan su inestabilidad. El resultado: un número superior al habitual de aludes en zonas de montaña.
Según advierte la Guardia Civil, muchos de estos episodios han sido desencadenados de forma accidental por sobrecargas externas, en ocasiones provocadas por el propio paso de montañeros o esquiadores. Las consecuencias han sido graves, con varios accidentes mortales que han afectado a personas que practicaban diferentes actividades en entornos de alta montaña.
Ante esta situación, el Instituto Armado insiste en la importancia de la prevención y la planificación para reducir riesgos. Recomienda consultar siempre la previsión meteorológica y el Boletín de Peligro de Aludes antes de iniciar cualquier salida, planificar adecuadamente la ruta y sus posibles alternativas, y adaptar la actividad al estado físico de cada persona. Asimismo, se aconseja no realizar actividades en solitario y comunicar previamente el itinerario previsto a terceros.
En el caso de la práctica de esquí, las autoridades recuerdan que es preferible mantenerse dentro de zonas balizadas. Quienes opten por el esquí de montaña, rutas con raquetas u otras actividades en espacios no controlados deben portar siempre el equipamiento de seguridad adecuado: dispositivo DVA, pala y sonda, además de saber utilizarlos correctamente.
Desde la Guardia Civil subrayan que estas herramientas son esenciales para el autosocorro en caso de avalancha, ya que el tiempo de supervivencia de una persona sepultada es muy limitado y los equipos de rescate no siempre pueden intervenir de inmediato. Cada operación, además, implica riesgos añadidos para los propios servicios de emergencia.
El mensaje final es claro: responsabilidad y prudencia. Porque, como recuerdan desde el cuerpo, en la montaña el riesgo cero no existe.
