El homenaje a Ramón de Pignatelli en el Parque de los Incrédulos sirve de marco para un convenio que refuerza el proyecto El Bosque de los Zaragozanos
Zaragoza recuperará parte de su paisaje histórico. La Real Academia de Ingeniería de España y el Ayuntamiento de la ciudad han firmado esta mañana un convenio por el que la Academia donará 250 olmos resistentes a la grafiosis agresiva —la enfermedad fúngica que arrasó con más de un millón de ejemplares en España desde los años ochenta— para ser plantados en el entorno del Canal Imperial en la próxima temporada, que arrancará este invierno.
El acto tuvo lugar en el Parque de los Incrédulos, donde la alcaldesa Natalia Chueca y el presidente de la Real Academia de Ingeniería, Jaime Domínguez, firmaron el acuerdo y descubrieron una placa conmemorativa en honor de Ramón de Pignatelli, el ilustrado aragonés que impulsó el Canal Imperial en el siglo XVIII y cuya figura ha centrado dos días de actividades académicas en la capital aragonesa.
Un árbol que se creía perdido
El olmo fue durante siglos uno de los árboles más presentes en calles, jardines y riberas españolas. La llegada de la grafiosis agresiva, provocada por un hongo, los fue eliminando de forma masiva hasta prácticamente borrarlos del paisaje urbano. Décadas después, un programa de investigación impulsado por la Universidad Politécnica de Madrid y el entonces Ministerio de Agricultura logró identificar variedades tolerantes a la enfermedad. Uno de los investigadores clave en ese avance es Luis Gil, académico de la Real Academia de Ingeniería, cuyo trabajo hace posible hoy la donación.
Los 250 ejemplares se integrarán en El Bosque de los Zaragozanos, el ambicioso proyecto municipal que busca plantar un árbol por cada habitante de la ciudad. El Canal Imperial, cuya orilla ya fue cedida parcialmente al Ayuntamiento mediante un convenio con la Confederación Hidrográfica del Ebro, será el enclave principal de estas nuevas plantaciones.
Chueca y el guiño a los «incrédulos»
La alcaldesa no desaprovechó el simbolismo del lugar. «Estamos en una fuente que se llama De los Incrédulos, bautizada así con ironía, porque los sueños de Pignatelli se consideraban irrealizables para muchos de sus contemporáneos», señaló Chueca, que trazó un paralelismo con el propio proyecto del Bosque: «Nosotros, modestamente, seguimos trabajando por nuestros sueños de una ciudad mejor».
Domínguez, por su parte, subrayó que la donación «trasciende lo simbólico» y que refleja cómo la ingeniería, desde la investigación genética hasta la planificación ambiental, puede contribuir a restaurar el patrimonio natural. «El objetivo es que los olmos vuelvan a formar parte de la identidad de la ciudad», afirmó.
Tras el acto, los presentes visitaron el Centro de Interpretación Molino de la Casa Blanca. Los olmos, en todo caso, llegarán este invierno. Y con ellos, un paisaje que Zaragoza creía perdido para siempre.
